La primavera de 2026 está siendo especialmente dura para quienes conviven con alergia respiratoria. Las abundantes lluvias registradas durante los primeros meses del año han favorecido una mayor producción de polen y están provocando una temporada más intensa y prolongada de lo habitual.

Los especialistas advierten de que este aumento de la carga ambiental de alérgenos está alargando la duración de los síntomas durante varias semanas más de lo habitual. “Cuando el invierno deja mucha lluvia, la vegetación crece con más fuerza y la floración posterior es más intensa”, explica Gema García Sánchez, jefa del servicio de Alergología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

En su opinión, este escenario puede traducirse en un empeoramiento notable del día a día de las personas alérgicas. “Esto trae consigo consecuencias como estornudar más, dormir peor, respirar con más dificultad al hacer ejercicio o tener que limitar actividades cotidianas que normalmente no supondrían un problema”, añade.

Los síntomas más frecuentes incluyen congestión nasal, estornudos repetidos, picor de ojos y garganta, lagrimeo y cansancio persistente. En personas con asma también pueden aparecer tos, sensación de falta de aire y empeoramiento respiratorio.

Consultar los niveles de polen antes de salir

Ante este aumento de síntomas, los especialistas recomiendan adaptar las rutinas diarias para reducir la exposición al polen. Una de las medidas más importantes es consultar diariamente los niveles ambientales de polen antes de salir de casa, especialmente en jornadas de alta concentración.

Cuando los niveles son elevados, se aconseja limitar actividades prolongadas al aire libre, sobre todo en parques, jardines y zonas con abundante vegetación.

Por otra parte, la ventilación de la vivienda también requiere ciertas precauciones durante esta época del año. Los expertos recuerdan que mantener las ventanas abiertas durante mucho tiempo facilita la entrada de polen en el domicilio, por lo que recomiendan ventilar durante periodos breves y evitar las horas de mayor concentración ambiental.

En concreto, las franjas más problemáticas suelen situarse entre las 5:00 y las 10:00 de la mañana y entre las 19:00 y las 22:00 horas.

Cambiarse de ropa al llegar a casa

Otra recomendación importante pasa por extremar la higiene después de haber estado en el exterior. El polen puede quedarse adherido al pelo, la piel o la ropa y seguir provocando síntomas incluso una vez dentro de casa.

Por eso, los especialistas aconsejan ducharse, lavarse el cabello si se ha pasado mucho tiempo al aire libre y cambiarse de ropa para eliminar las partículas acumuladas.

A todo ello hay que sumar el uso de gafas de sol, que pueden actuar como barrera física frente al polen. Las lentes ayudan a reducir el contacto directo de las partículas con la superficie ocular y pueden aliviar síntomas como el picor, el lagrimeo o el enrojecimiento de ojos.

Desplazamientos

Los trayectos en coche son otro momento de especial exposición a los alérgenos. Los alergólogos recomiendan circular con las ventanillas cerradas y revisar periódicamente el estado de los filtros del vehículo para minimizar la entrada de polen al habitáculo.

Esta medida resulta especialmente importante en desplazamientos largos o cuando se atraviesan zonas rurales o áreas verdes.

Teniendo todo esto en cuenta, es importante consultar con un profesional cuando los síntomas interfieren de forma significativa en la vida diaria o no se controlan adecuadamente. Según García Sánchez, existen distintas opciones terapéuticas y herramientas de seguimiento, tanto presenciales como mediante videoconsulta, que permiten adaptar el tratamiento al perfil de cada paciente y al momento concreto de la temporada alérgica.