El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores con peor pronóstico, en gran parte porque suele diagnosticarse cuando la enfermedad ya se encuentra en fases avanzadas. Pero, además del propio tumor, muchos pacientes deben enfrentarse a complicaciones que afectan de forma importante a su calidad de vida y que, incluso, pueden dificultar el acceso a la cirugía o a los tratamientos oncológicos, como ocurre con la obstrucción de las vías biliares.
Esta alteración puede provocar ictericia, picor intenso, pérdida de apetito, cansancio o desnutrición. Ante esta situación, el drenaje biliar se ha consolidado como una herramienta clave para aliviar los síntomas y permitir que muchos pacientes lleguen en mejores condiciones a los tratamientos frente al cáncer. Así lo han puesto de manifiesto especialistas de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) durante su 85.º Congreso Nacional.
Una complicación frecuente
La obstrucción de la vía biliar aparece cuando el tumor impide que la bilis llegue con normalidad al intestino. Como consecuencia, la bilirrubina se acumula en la sangre y provoca la característica coloración amarillenta de la piel y los ojos conocida como ictericia.
Sin embargo, este no es el único problema. La obstrucción también puede ocasionar alteraciones de la coagulación, pérdida de peso, malnutrición y un deterioro progresivo del estado general del paciente. Los especialistas recuerdan que la ictericia aparece en hasta un 30% de las personas con cáncer de páncreas y que esta cifra puede alcanzar el 70% cuando el tumor se localiza en la cabeza del páncreas, la zona más próxima a la vía biliar.
Para tratar esta complicación, los especialistas recurren al drenaje biliar, un conjunto de procedimientos cuyo objetivo es restablecer el paso de la bilis hacia el intestino y disminuir la presión acumulada en la vía biliar.
Según explicó durante el congreso Marina Cobreros, especialista del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid y portavoz de la SEPD, este procedimiento permite aliviar síntomas como la ictericia o el intenso picor que experimentan muchos pacientes, y además mejora su estado nutricional y funcional. «Esto puede facilitar que el paciente llegue en mejores condiciones a la cirugía o a los tratamientos oncológicos», explicó la especialista.
Diferente abordaje
Aunque el drenaje biliar constituye el tratamiento habitual cuando existe una obstrucción acompañada de ictericia o elevación de la bilirrubina, los expertos recuerdan que la decisión debe personalizarse. En determinados pacientes cuyo tumor puede operarse de forma inmediata, puede optarse por intervenir directamente sin realizar previamente el drenaje.
En este sentido, Cobreros insiste en la importancia de que las decisiones se adopten de forma conjunta entre cirujanos, digestólogos, oncólogos y el resto de especialistas implicados en el tratamiento de cada paciente, que debe estar debidamente informado de los procedimientos a seguir.
Evolución
Durante años, la técnica más utilizada para resolver estas obstrucciones ha sido la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE), un procedimiento que permite acceder a la vía biliar mediante endoscopia para colocar prótesis o resolver el bloqueo. En los últimos años, sin embargo, la incorporación de la ecoendoscopia ha supuesto un importante avance.
Esta técnica combina la endoscopia con una sonda ecográfica incorporada al propio endoscopio, lo que permite visualizar con gran precisión las estructuras internas y acceder a ellas mediante procedimientos mínimamente invasivos. Según la especialista, las técnicas guiadas por ecoendoscopia ofrecen tasas de éxito similares a las de la CPRE e incluso pueden asociarse a un menor número de complicaciones en determinados pacientes.
En cualquier caso, los especialistas recuerdan que el principal reto para ellos sigue siendo diagnosticar el cáncer de páncreas en fases iniciales para poder tratarlo de forma precoz y obtener mayores tasas de éxito. En sus primeras etapas, la enfermedad suele evolucionar sin síntomas específicos. Cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas suelen incluir molestias digestivas inespecíficas, dolor abdominal irradiado hacia la espalda, pérdida de peso sin causa aparente, falta de apetito, náuseas, cansancio o ictericia.
Desde la SEPD destacan que actualmente se están desarrollando estrategias de seguimiento dirigidas a personas con alto riesgo de padecer este tumor, al tiempo que continúan perfeccionándose tanto las técnicas de drenaje biliar como los tratamientos oncológicos.