La hepatitis D ha sido considerada la forma más grave de hepatitis viral crónica y, durante décadas, una enfermedad para la que apenas existían alternativas terapéuticas. Hoy ese escenario está cambiando y se ha producido un cambio de paradigma. Durante décadas ha sido «la hepatitis olvidada», pero en los últimos dos años ha cambiado el panorama en Europa por tres razones: mejores tratamientos, mayor conciencia sobre el infradiagnóstico y nuevas evidencias sobre su agresividad.
Los primeros resultados del Registro Nacional de pacientes con hepatitis D tratados con bulevirtida, impulsado por la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) y presentados en su 51º Congreso Anual, confirman que el primer tratamiento específico aprobado para esta enfermedad ofrece resultados positivos también en la práctica clínica habitual, más allá de los ensayos clínicos. El estudio analiza la evolución de pacientes tratados en hospitales españoles durante más de un año desde la financiación de bulevirtida en España, en febrero de 2024, y constituye la mayor experiencia nacional con este tratamiento en condiciones reales de práctica clínica.
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Entre los pacientes evaluados, el 60% logró una respuesta virológica tras 48 semanas de tratamiento y cerca de tres de cada diez alcanzaron la negativización completa del ARN del virus de la hepatitis D. Además, la respuesta fue aumentando con el tiempo, incluso entre pacientes que inicialmente parecían responder peor al tratamiento.
Los investigadores observaron también una mejora de los parámetros bioquímicos y comprobaron que los pacientes con menor carga viral al inicio del tratamiento presentaban mayores probabilidades de alcanzar una respuesta completa, lo que pone de manifiesto la importancia del diagnóstico precoz y del inicio temprano del tratamiento. En cuanto a la seguridad, la bulevirtida mostró un perfil favorable, con efectos adversos leves y escasos durante el seguimiento.
Además, otros fármacos (mediante mecanismos diferentes al del bulevirtida) se encuentran actualmente en fase de investigación en ensayos clínicos cuyos resultados prometedores sitúan la curación de la hepatitis D como un objetivo alcanzable a medio plazo.
La hepatitis D, una enfermedad infradiagnosticada
La hepatitis D solo puede afectar a personas infectadas por el virus de la hepatitis B. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado el VHD como cancerígeno (Clase I), ya que acelera de forma significativa la progresión hacia cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado. A pesar de ello, continúa siendo una enfermedad poco conocida y frecuentemente infradiagnosticada, ya que muchos pacientes nunca han sido estudiados para descartar hepatitis D debido a que la enfermedad cursa de forma asintomática en la mayor parte de los casos.
La AEEH advierte de que entre el 30% y el 50% de los pacientes presenta cirrosis en el momento del diagnóstico y que aproximadamente un tercio desarrolla daño hepático avanzado en menos de una década. «La llegada de tratamientos específicos como bulevirtida ha cambiado completamente el manejo de estos pacientes. Ahora diagnosticar la hepatitis D marca una diferencia real en su pronóstico, por lo que es imprescindible identificar a todos los pacientes susceptibles de beneficiarse», destacan los hepatólogos de la AEEH.
En este sentido, España puede liderar también el diagnóstico precoz de la hepatitis D, como ha ocurrido con la hepatitis C. Ya existe evidencia científica muy interesante que lo demuestra: por ejemplo, el estudio catalán Opti-Hep-D demuestra que incorporar automáticamente el cribado universal de hepatitis D en todos los pacientes con hepatitis B es perfectamente viable y permite rescatar numerosos casos que pasaban desapercibidos. Además, una proporción importante de los nuevos diagnósticos no presentaba factores de riesgo evidentes, lo que cuestiona un cribado basado únicamente en perfiles de riesgo.
La AEEH reclama ampliar el diagnóstico
A la luz de estos resultados, la AEEH recuerda que toda persona con infección crónica por el virus de la hepatitis B debería ser estudiada para descartar la coinfección por hepatitis D, una recomendación respaldada por las principales guías clínicas internacionales.
Para la sociedad científica, la disponibilidad de tratamientos eficaces hace más necesario que nunca reforzar las estrategias de cribado y garantizar un acceso homogéneo al diagnóstico y al tratamiento en todo el territorio nacional, tal como recoge su Plan Nacional de Salud Hepática.
«Durante muchos años la hepatitis D era una enfermedad para la que apenas podíamos ofrecer soluciones. Hoy disponemos de una terapia eficaz y segura; el reto ya no es solo tratar, sino encontrar a los pacientes que siguen sin diagnosticar», concluye la AEEH.