Dormir mal se ha convertido en una consecuencia habitual del estrés para gran parte de la población española. Según los resultados del VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon, existe una relación directa entre el malestar emocional y los problemas de sueño.

En concreto, el 80% de la población asegura haber sufrido estrés durante el último año y más del 20% reconoce padecerlo de forma frecuente, una cifra que alcanza sus niveles más altos desde 2022. Esta situación afecta especialmente a las mujeres, a los jóvenes de entre 18 y 40 años, a las personas cuya situación económica ha empeorado y a quienes presentan una peor percepción de su salud emocional.

El impacto del estrés sobre el descanso es notable. El 58,6% de los encuestados presenta dificultades ocasionales para conciliar o mantener el sueño, mientras que el 24,3% las sufre con frecuencia.

El estudio sitúa así el sueño como uno de los indicadores más sensibles del estado emocional. Cuanto mayor es el nivel de estrés, más aumentan los problemas para descansar y peor es la valoración general del bienestar. Entre las personas que se consideran emocionalmente más vulnerables, el 51% presenta problemas frecuentes de sueño, lo que evidencia la estrecha conexión entre la salud mental y la calidad del descanso.

La mayoría no hace nada para mejorar su descanso

Pese a la elevada prevalencia de los problemas de sueño, el 61,4% de la población no adopta ninguna medida concreta para dormir mejor. Solo el 38,6% intenta mejorar su descanso mediante acciones como mantener horarios regulares, practicar ejercicio, reducir el consumo de cafeína y alcohol o recurrir a infusiones naturales.

Esta falta de hábitos de autocuidado también se observa en la gestión del propio estrés. Más del 58% de los encuestados no realiza ninguna acción para combatirlo, frente al 49,8% registrado en la edición anterior del estudio. Entre quienes sí intentan reducirlo, las estrategias más frecuentes son los cambios de hábitos, las actividades de ocio y el uso de suplementos. Sin embargo, estas prácticas han disminuido respecto a años anteriores.

Las dificultades laborales aparecen como el principal factor de estrés para el 39,2% de la población, seguidas de los problemas económicos, señalados por el 38,3%, y de las tensiones familiares o sociales, que afectan al 34,3%. Estas preocupaciones tienen una mayor presencia entre las personas en edad laboral activa, que deben afrontar simultáneamente la incertidumbre económica, las responsabilidades profesionales y las obligaciones familiares.

A nivel territorial, Baleares, Cantabria, Castilla y León y Madrid registran porcentajes superiores al 86% de población afectada por el estrés. Asturias se sitúa como excepción, ya que el 43,9% de sus habitantes afirma no haber experimentado tensión emocional durante el último año.

Menor satisfacción

El estrés no solo dificulta el sueño, sino que también deteriora la percepción global de bienestar. Las personas que lo padecen puntúan su estado emocional con una media de 7 sobre 10, frente al 8,64 de quienes aseguran no sufrirlo. También presentan una menor satisfacción vital, con una valoración de 6,72 frente a 8,09.

Las diferencias son todavía más acusadas al analizar la felicidad percibida. Mientras que el 95,1% de las personas sin estrés declara un nivel elevado de felicidad, este porcentaje desciende hasta el 68,3% entre quienes conviven con él.

Los resultados reflejan que el estrés se ha consolidado como uno de los principales problemas de salud y bienestar en España. Su impacto alcanza al descanso, al estado emocional y a la satisfacción con la vida, mientras que una parte importante de la población continúa sin adoptar medidas para prevenirlo o reducirlo.