¿Qué pueden tener en común enfermedades tan diferentes como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, el asma, las alergias o algunas patologías oculares? Un estudio de la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) apunta a un posible nexo común: el estado de la microbiota intestinal y su relación con el funcionamiento del sistema inmunitario.

El trabajo, publicado en el Journal of Investigational Allergology and Clinical Immunology (JIACI), revisa 165 publicaciones científicas y analiza el conocimiento disponible sobre la interacción entre la microbiota intestinal y distintas enfermedades inflamatorias inmunomediadas. Sus conclusiones apuntan a que las alteraciones de este ecosistema de microorganismos pueden contribuir a una inflamación sistémica que afecta a distintos órganos y que, en personas con predisposición genética, podría favorecer la aparición o progresión de determinadas enfermedades.

La investigación ha sido llevada a cabo por investigadores de distintos centros españoles, bajo el liderazgo de Marina Pérez Gordo, miembro del Grupo de Investigación de Enfermedades Inmunológicas Inflamatorias (Allergy) de la Fundación Universitaria San Pablo CEU. Y también de José Antonio Cornejo García, que forma parte del grupo de investigación ‘Enfermedades alérgicas a fármacos y alérgenos’ de IBIMA-Plataforma Bionand, además de miembro de la UGC de Alergología del Hospital Regional Universitario de Málaga.centros españoles.

Barrera intestinal

Uno de los elementos centrales del estudio es la llamada barrera intestinal, formada por células estrechamente unidas que permiten el paso de nutrientes al organismo y dificultan la entrada de microorganismos y sustancias potencialmente dañinas.

La microbiota contribuye a mantener esta barrera. Según recoge el trabajo, algunas bacterias beneficiosas producen metabolitos como butirato, propionato y acetato, ácidos grasos de cadena corta que ayudan a mantener la integridad de la pared intestinal, favorecen la producción de mucina y participan en el desarrollo de células reguladoras del sistema inmunitario.

Cuando la composición de la microbiota se altera, un fenómeno conocido como disbiosis disminuye la producción de estos compuestos protectores y puede aumentar la permeabilidad intestinal. De esta manera, determinadas moléculas bacterianas pueden atravesar la barrera y activar el sistema inmunitario, favoreciendo una inflamación persistente que puede repercutir en otros órganos.

Mecanismos que se repiten

Una de las principales aportaciones de la revisión es precisamente mostrar que enfermedades aparentemente alejadas entre sí presentan algunos patrones comunes. Los investigadores describen alteraciones de la microbiota en patologías como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, el glaucoma, la uveítis, el ojo seco, el asma y distintas enfermedades alérgicas.

Aunque cada una presenta características específicas, el trabajo encuentra elementos compartidos, entre ellos un desequilibrio en la composición de las bacterias intestinales, una menor presencia de microorganismos productores de ácidos grasos de cadena corta y cambios en la regulación inmunológica. Para los autores, esta visión integradora puede ayudar a comprender mejor cómo se desarrollan algunas enfermedades inflamatorias y a abrir nuevas líneas de investigación destinadas a actuar sobre mecanismos comunes.

Dos líneas prometedoras

La revisión encuentra algunos de los resultados más interesantes en el estudio del asma y las enfermedades alérgicas. Diversos trabajos relacionan una menor diversidad de la microbiota durante los primeros años de vida con un mayor riesgo de desarrollar estas patologías.

En concreto, se ha observado que una menor presencia de bacterias capaces de producir butirato, como determinadas especies de Faecalibacterium, Lachnospira o Bifidobacterium, podría dificultar el desarrollo de una correcta tolerancia inmunológica. Algunos ensayos clínicos preliminares han observado además que determinados probióticos podrían reducir la inflamación alérgica y mejorar algunos parámetros respiratorios, aunque los autores advierten de que se necesitan estudios más amplios para confirmar estos resultados.

También las enfermedades inflamatorias oculares constituyen una línea de investigación en expansión. El informe recoge asociaciones entre determinados perfiles de microbiota y el riesgo o progresión del glaucoma, la uveítis y el ojo seco. Algunos estudios iniciales han descrito incluso una mejoría de los síntomas del ojo seco tras utilizar determinadas formulaciones probióticas y postbióticas.

Más investigación

El trabajo analiza distintas estrategias destinadas a modificar la microbiota intestinal, entre ellas la dieta, los prebióticos, los probióticos, los simbióticos, los postbióticos y el trasplante de microbiota fecal. Sin embargo, los investigadores advierten de que la evidencia disponible sobre muchas de estas intervenciones continúa siendo moderada o baja.

Las diferencias entre estudios —en las características de los pacientes, las cepas utilizadas, las dosis o la duración de los tratamientos— hacen necesario desarrollar ensayos clínicos multicéntricos y protocolos homogéneos que permitan determinar qué estrategias funcionan, para qué pacientes y en qué circunstancias.

El objetivo a más largo plazo sería avanzar hacia una medicina de precisión basada en el perfil de la microbiota de cada persona, de manera que las intervenciones pudieran adaptarse a sus características biológicas y a la enfermedad que padece. Por ahora, se trata de una línea de investigación en desarrollo y no de una herramienta clínica de uso generalizado.