Las fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo (LCR) son una enfermedad poco frecuente que puede resultar muy incapacitante para quienes la padecen. Aunque en algunos casos se asocian a trastornos hereditarios del tejido conectivo, en muchos pacientes su origen sigue siendo desconocido. Ahora, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Ciencias de la Salud Cedars-Sinai y la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, ha identificado una posible explicación genética para una parte de estos casos, un hallazgo que podría facilitar tanto el diagnóstico precoz como el desarrollo de nuevos tratamientos.

El estudio, publicado en la revista científica The Lancet Neurology, señala al gen FBN2 como un posible factor implicado en el desarrollo de algunas fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo, al demostrar que determinadas alteraciones en este gen aparecen con mucha mayor frecuencia en las personas afectadas que en la población general.

El líquido cefalorraquídeo rodea y protege el cerebro y la médula espinal. Cuando se produce una rotura en la membrana que contiene este líquido, este puede escapar, provocando síntomas como intensos dolores de cabeza que empeoran al ponerse de pie, náuseas o rigidez de cuello. En los casos más graves, la enfermedad puede afectar de forma importante a la calidad de vida de los pacientes y limitar sus actividades cotidianas.

En la actualidad, el tratamiento consiste principalmente en reparar la fuga una vez que esta se ha producido. Para ello suelen emplearse parches hemáticos epidurales, que consisten en inyectar sangre del propio paciente para favorecer el sellado de la rotura, aunque en algunos casos es necesario recurrir a cirugía especializada.

El papel del gen FBN2

Los investigadores analizaron el exoma completo —la parte del genoma que contiene la información para fabricar proteínas— de 42 pacientes con fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo cuya causa era desconocida y compararon los resultados con los de más de 3.800 personas sin esta enfermedad.

El análisis reveló que uno de cada cinco pacientes presentaba alteraciones en el gen FBN2, una frecuencia significativamente superior a la observada en las personas sin esta patología.

Para comprobar si estas variantes podían explicar la enfermedad, los científicos realizaron experimentos con células humanas y modelos animales. Los resultados mostraron que las mutaciones alteran la capacidad de las células para adherirse al tejido conectivo que rodea la médula espinal, debilitando esta estructura y haciéndola más vulnerable a sufrir desgarros y, por tanto, fugas de líquido cefalorraquídeo.

Medicina más personalizada

Según explica el profesor de Neurocirugía de Cedars-Sinai y coautor principal del estudio, Wouter Schievink, este hallazgo proporciona por primera vez una explicación de los mecanismos celulares que podrían estar detrás de algunas fugas espontáneas de líquido cefalorraquídeo, una enfermedad cuya causa permanecía sin identificar en un número importante de pacientes.

Los investigadores consideran que conocer este origen genético podría facilitar la identificación de personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad y favorecer un diagnóstico más temprano, especialmente en aquellos pacientes que presentan signos sutiles de alteraciones del tejido conectivo, pero que no cumplen los criterios para recibir un diagnóstico de una enfermedad hereditaria específica.

Además, el descubrimiento abre nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos dirigidos a la causa del problema y no únicamente a reparar la fuga una vez que aparece. Entre las estrategias que los autores plantean para el futuro figuran medicamentos capaces de fortalecer el tejido conectivo o actuar sobre las vías biológicas alteradas por las mutaciones del gen FBN2.