Dormir mal no siempre significa padecer un único trastorno del sueño. Cada vez existe más evidencia de que muchas personas conviven simultáneamente con insomnio y apnea obstructiva del sueño, una combinación conocida como COMISA que permanece infradiagnosticada pese a su elevada frecuencia y a las importantes consecuencias que puede tener para la salud.
Según diversos estudios internacionales, entre un 9% y un 12% de la población adulta podría presentar ambos trastornos de forma simultánea. Lejos de tratarse de una simple suma de problemas para dormir, la coexistencia de insomnio y apnea del sueño se asocia a un incremento del riesgo de complicaciones cardiovasculares y a un aumento de la mortalidad de entre el 47% y el 71% respecto a las personas que no presentan este trastorno combinado.
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Estas conclusiones han sido puestas sobre la mesa por la Societat Catalana de Pneumologia (SOCAP), cuyos especialistas reclaman un abordaje específico y multidisciplinar para un problema que continúa pasando desapercibido en muchos pacientes.
Dos trastornos que se potencian entre sí
La apnea obstructiva del sueño se caracteriza por la aparición repetida de pausas respiratorias durante el descanso nocturno, que provocan microdespertares continuos y una disminución de la calidad del sueño. Se estima que afecta aproximadamente al 14% de los hombres y al 7% de las mujeres, y se asocia a enfermedades como hipertensión arterial, arritmias, infarto de miocardio o ictus.
Por su parte, el insomnio crónico consiste en la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o en despertarse antes de lo deseado, al menos tres noches por semana durante un mínimo de tres meses. Además del cansancio o la somnolencia diurna, puede provocar problemas de concentración, irritabilidad y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo y trastornos de salud mental, como ansiedad o depresión.
Cuando ambas patologías coinciden, sus efectos no solo se suman, sino que se retroalimentan. Como explica la neumóloga Guadalupe Silveira, del Hospital del Mar de Barcelona, «la apnea provoca microdespertares continuos durante la noche, lo que favorece el desarrollo de insomnio, mientras que el sueño fragmentado y superficial característico del insomnio puede facilitar la aparición o el empeoramiento de las apneas».
Mayor riesgo
La evidencia científica apunta a que esta combinación incrementa notablemente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Uno de los estudios citados por la SOCAP muestra que las personas con COMISA presentan un riesgo cuatro veces superior de hipertensión arterial respecto a quienes no sufren trastornos del sueño, especialmente cuando el insomnio se acompaña de una duración del sueño inferior a seis horas.
Además, tres grandes estudios de seguimiento realizados durante entre diez y veinte años en Estados Unidos han observado un aumento significativo de la mortalidad entre quienes presentan simultáneamente apnea e insomnio.
Los especialistas consideran que uno de los principales problemas es que el abordaje sanitario suele centrarse en la apnea del sueño, mientras que el insomnio recibe menos atención. Esto favorece que muchos pacientes sean tratados únicamente con dispositivos de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP), sin abordar el insomnio que también padecen.
Soluciones
La evidencia disponible muestra que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, considerada el tratamiento de primera elección por las principales guías clínicas internacionales, mejora el descanso nocturno y consigue reducir entre un 15% y un 22% la gravedad de la apnea obstructiva del sueño y favorece una mejor adherencia a la CPAP, el tratamiento habitual para esta enfermedad.
Para mejorar el diagnóstico y el tratamiento, la SOCAP defiende un modelo asistencial multidisciplinar que implique a neumólogos, psicólogos, personal de enfermería formado en terapia cognitivo-conductual y, especialmente, a los médicos de atención primaria. En este sentido, Silveira considera que «es necesario incorporar el sueño como parte de la evaluación rutinaria de los pacientes, incluyendo preguntas sobre la calidad del descanso, la duración del sueño, la presencia de ronquidos o los despertares nocturnos», señala.