Más de 14 años de investigación iniciada en el Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han permitido que una nueva terapia génica para el alzhéimer dé el salto de los estudios preclínicos a la investigación en personas. Se trata de TET-101, una estrategia desarrollada a partir del conocimiento acumulado sobre la proteína E2F4 y que acaba de recibir autorización en Australia para iniciar su primera evaluación clínica en humanos.
El programa, desarrollado por la spin-off biotecnológica Tetraneuron a partir de la investigación realizada en el laboratorio del científico José María Frade en el Instituto Cajal, se dirige inicialmente a personas con enfermedad de Alzhéimer y demencia moderada, un grupo para el que las opciones terapéuticas continúan siendo limitadas. El inicio de esta fase permitirá comprobar por primera vez en pacientes si el mecanismo observado en la investigación previa puede traducirse en un beneficio clínico y, sobre todo, evaluar su seguridad.
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Una aproximación diferente
En los últimos años, gran parte de la investigación sobre el alzhéimer se ha concentrado en proteínas como beta-amiloide y tau. Sin embargo, esta nueva aproximación tratar de actuar sobre varios procesos implicados en la degeneración neuronal a partir de un mecanismo regulador. La terapia incorpora E2F4DN, una variante de la proteína E2F4 diseñada con propiedades neuroprotectoras.
Según la información aportada por el equipo investigador, E2F4 participa en la regulación de procesos esenciales para la supervivencia y el funcionamiento de las neuronas, entre ellos mecanismos relacionados con el estrés oxidativo y la neuroinflamación. La hipótesis es que intervenir sobre esta posición reguladora podría influir simultáneamente en diferentes procesos que contribuyen al deterioro neuronal.
Alzhéimer moderado
El primer desarrollo clínico se ha planteado para pacientes con demencia moderada asociada al alzhéimer, una fase en la que el deterioro de la memoria y la pérdida progresiva de autonomía tienen un fuerte impacto sobre la vida cotidiana y también sobre las familias y las personas cuidadoras. Álvaro Pascual-Leone, director médico de la spin-off, destaca precisamente esta necesidad: «Los pacientes con enfermedad de Alzhéimer y demencia más avanzada representan una población muy amplia con pocas alternativas terapéuticas».
El interés de esta primera fase clínica, por tanto, no reside únicamente en determinar si la terapia puede funcionar, sino en conocer cómo se comporta en personas y si puede cumplir la expectativa de ralentizar la neurodegeneración, preservar o recuperar determinadas funciones neuronales y mejorar capacidades cognitivas afectadas por la enfermedad.
Investigación pública
El comienzo del estudio en humanos tendrá lugar inicialmente en St Vincent’s Hospital Melbourne, aunque, paralelamente, el programa continúa avanzando en los procesos regulatorios necesarios para sus siguientes etapas de desarrollo, incluida Europa y, sobre todo, España. Como en toda investigación clínica, el objetivo es pasar de comprobar un mecanismo y sus posibles efectos en modelos experimentales a estudiar seguridad, tolerabilidad y potencial terapéutico en personas.
La misma línea de investigación se está estudiando además en otras enfermedades neurodegenerativas, especialmente en párkinson, donde el equipo señala que ya ha obtenido resultados preclínicos de prueba de concepto. La idea es comprobar si determinados mecanismos relacionados con la pérdida de la homeostasis neuronal, la neuroinflamación o el estrés celular pueden ser comunes a distintas patologías.