Cada 7 de septiembre, el Día Mundial de Concienciación sobre la Distrofia Muscular de Duchenne pone el foco sobre una de las enfermedades neuromusculares raras más graves de la infancia. Se trata de una patología genética, progresiva y degenerativa que afecta principalmente a niños y jóvenes varones (al menos uno de cada 3.500) y que provoca un deterioro continuo de la musculatura esquelética, respiratoria y cardíaca, hasta comprometer gravemente su autonomía y su esperanza de vida.
Aunque en los últimos años se han producido importantes avances en el desarrollo de terapias dirigidas a determinadas mutaciones, todavía no existe una cura y muchos pacientes continúan necesitando nuevos tratamientos capaces de ralentizar la progresión de la enfermedad. En este contexto, un ensayo clínico internacional publicado en The Lancet (HOPE-3) aporta nuevos datos que demuestran que una terapia celular experimental puede frenar el deterioro muscular en pacientes con distrofia muscular de Duchenne en fases avanzadas.
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El estudio evaluó la terapia celular deramiocel en 106 niños y jóvenes de entre 10 y 22 años con enfermedad avanzada. Los participantes recibieron infusiones intravenosas cada tres meses durante un año y fueron comparados con un grupo placebo en un ensayo multicéntrico, aleatorizado y doble ciego.
Para pacientes en fases tardías
Uno de los aspectos más relevantes del ensayo es que se dirigió a una población que suele quedar fuera de muchos estudios: pacientes en fases tardías de la enfermedad, cuando ya han perdido la capacidad de caminar o están a punto de hacerlo.
Los resultados muestran que quienes recibieron la terapia conservaron la función de las extremidades superiores un 54% más lentamente que los participantes tratados con placebo, un dato especialmente importante porque mantener el movimiento de brazos y manos permite conservar durante más tiempo actividades cotidianas como comer, asearse o manejar una silla de ruedas. Además, la terapia mostró un perfil de seguridad comparable al placebo y fue bien tolerada por los participantes.
El tratamiento estudiado no actúa corrigiendo el defecto genético responsable de la enfermedad ni restaura la producción de distrofina. Se trata de una terapia celular elaborada a partir de células derivadas del corazón de donantes que ejercen un efecto antiinflamatorio y antifibrótico mediante la liberación de vesículas extracelulares con moléculas bioactivas. Ese mecanismo permite reducir el daño progresivo del músculo y ralentizar la evolución de la enfermedad.
Beneficios para el corazón
La afectación cardíaca constituye una de las principales causas de fallecimiento en la distrofia muscular de Duchenne. Aunque el objetivo principal del estudio era evaluar la función de las extremidades superiores, los investigadores también analizaron la evolución del corazón mediante resonancia magnética.
En el conjunto de los participantes no se alcanzó una diferencia estadísticamente significativa en la fracción de eyección ventricular, uno de los principales indicadores de función cardíaca. Sin embargo, sí se observaron señales favorables, especialmente entre los pacientes que ya presentaban miocardiopatía al inicio del ensayo, así como una reducción de la fibrosis cardíaca, un hallazgo que los autores consideran especialmente prometedor y que deberá confirmarse en estudios de mayor duración.
La opinión del experto
Para Marisol Montolio, directora de Investigación y Tecnología de Duchenne Parent Project Spain y directora de la Cátedra de Enfermedades Raras de la Universitat de Barcelona, el trabajo supone un avance muy relevante porque «pocos ensayos clínicos tienen como destinatario a esta población de pacientes con distrofia muscular de Duchenne avanzada».
En declaraciones aportadas a Science Media Center España, la investigadora destaca que otra de las principales ventajas del tratamiento es que no depende del tipo de mutación genética que tenga cada paciente, a diferencia de otras terapias disponibles. Esto significa que, si finalmente demuestra su eficacia y obtiene las autorizaciones regulatorias necesarias, podría beneficiar a un número mucho mayor de personas afectadas.
Montolio subraya igualmente que la preservación de la función de las extremidades superiores puede traducirse en una mejora importante de la calidad de vida y en un mayor mantenimiento de la independencia durante más tiempo.
Primeros pasos
En la misma línea se pronuncia Arístides López-Márquez, investigador del Institut de Recerca Sant Joan de Déu, la Universitat de Barcelona y el CiberER, quien recuerda que se trata del primer ensayo clínico de fase III que evalúa una terapia celular sistémica no autóloga en una enfermedad genética, así como el primer estudio de estas características realizado específicamente en pacientes con Duchenne en fases avanzadas.
Según el investigador, los resultados muestran una ralentización significativa de la progresión de la enfermedad y abren «una ventana de oportunidad» para las personas con distrofia muscular de Duchenne, aunque insiste en que no puede hablarse de una cura.
Los propios autores del ensayo, encabezados por Craig M. McDonald, insisten en que todavía será necesario seguir evaluando la eficacia y la seguridad de esta terapia celular a largo plazo antes de que pueda incorporarse a la práctica clínica. Aun así, el estudio representa un paso importante en una enfermedad para la que las opciones terapéuticas continúan siendo muy limitadas, especialmente cuando la pérdida de movilidad ya es una realidad.