Comenzar un nuevo curso escolar debería ser sinónimo de reencuentros, aprendizaje y convivencia. Sin embargo, para muchos niños y adolescentes con cáncer, el inicio de las clases coincide con tratamientos que les impiden acudir al colegio durante semanas o incluso meses. Para que la enfermedad no suponga también una ruptura con su vida escolar y social, la Federación Española de Familias de Cáncer Infantil (FEFCI) ha puesto en marcha el Proyecto ZOE en Extremadura, una iniciativa que permitirá a pacientes menores de edad continuar conectados con sus aulas mediante robots de telepresencia.
La federación cederá inicialmente dos robots AV1, que podrán ser utilizados por otros pacientes conforme finalicen los tratamientos de sus primeros usuarios. El objetivo no es únicamente garantizar la continuidad educativa, sino también preservar el contacto diario con compañeros y profesores durante los periodos de hospitalización o convalecencia en casa.
Los robots de telepresencia permiten que el alumnado pueda asistir virtualmente al aula en tiempo real desde su domicilio o desde el hospital. A través de una conexión segura, los menores pueden seguir las explicaciones del profesorado, participar en determinadas actividades e interactuar con sus compañeros, manteniendo un vínculo que resulta especialmente importante durante el tratamiento oncológico.
La importancia de lo social
Desde FEFCI recuerdan que el colegio representa mucho más que un espacio de aprendizaje. Es también un lugar donde los niños construyen amistades, desarrollan habilidades sociales y mantienen una rutina que aporta estabilidad en un momento especialmente complejo.
«Cuando un hijo enferma, una de las cosas que más deseas es que pueda conservar, en la medida de lo posible, aquello que forma parte de su vida. Y el colegio es una parte fundamental de ella. No hablamos únicamente de seguir una clase: hablamos de continuar viendo a sus compañeros, participar, sentirse parte de su grupo y mantener ese vínculo con su vida cotidiana», explica Verónica Ortiz, presidenta de FEFCI y madre de un menor que ha pasado por esta experiencia.
La responsable de la federación añade que «facilitar que un niño o un adolescente pueda seguir conectado con su aula durante la enfermedad también es una forma de cuidar su bienestar emocional y social y de proteger su derecho a la educación».
Basado en la colaboración
La implantación del Proyecto ZOE en Extremadura ha sido posible gracias a la colaboración entre la Federación Española de Familias de Cáncer Infantil, la Asociación Oncológica de Extremadura (AOEX), No Isolation, la Fundación STEM con ZOE y la Consejería de Educación y Formación Profesional de la Junta de Extremadura, que han formalizado un convenio para impulsar esta iniciativa.
La FEFCI considera que este tipo de iniciativas demuestran la importancia de la colaboración entre administraciones públicas, entidades sociales y centros educativos para responder a las necesidades específicas de los menores con cáncer.
La federación, integrada por 23 asociaciones de familias de todo el país, trabaja desde hace más de tres décadas para mejorar la calidad de vida de los niños y adolescentes con cáncer y de sus familias. Entre sus objetivos figura extender el Proyecto ZOE a otras comunidades autónomas para que cada vez más pacientes puedan continuar formando parte de su comunidad educativa incluso cuando el tratamiento les obliga a permanecer alejados físicamente del aula.