El arranque del curso escolar está a la vuelta de la esquina. En estos días, muchas familias ultiman la compra del material y de libros, y reajustan de nuevo los horarios rutinarios tras el descontrol de las vacaciones de verano. ¿Pero qué pasa con los niños y adolescentes con trastorno del espectro autista (TEA), TDAH, dislexia u otras dificultades del neurodesarrollo? Pues que los primeros días de clase pueden convertirse en una fuente de estrés si no se ha preparado el terreno con tiempo.
Así lo explican muchos de los especialistas de la plataforma Busca & Encuentra, especializada en conectar a las familias de estos alumnos con profesionales y recursos de neurodesarrollo. Desde su punto de vista, el trabajo realizado durante las semanas previas facilita que los primeros días de clase sean más predecibles y seguros para estos alumnos. «Algunas estrategias sencillas, basadas en la anticipación, pueden tener un impacto muy positivo para facilitar la transición y aumentando el bienestar», explica la psicóloga sanitaria y directora de la plataforma, Ana González.
Desde esta organización exponen que recuperar las rutinas de forma progresiva, explicar los cambios que llegarán con el nuevo curso y coordinarse con el centro educativo favorecen una adaptación más tranquila y ayudan a prevenir problemas de conducta o desregulación emocional.
La dificultad del cambio
El inicio del curso implica mucho más que volver a madrugar. Nuevos profesores, compañeros, normas, espacios o exigencias académicas forman parte de una rutina que cambia de forma brusca tras las vacaciones. En los menores neurodivergentes estas modificaciones pueden traducirse en ansiedad, alteraciones del sueño, irritabilidad o dificultades para regular las emociones. Por ello, los especialistas recomiendan que la adaptación continúe durante estos primeros días de septiembre mediante rutinas estables y una comunicación constante entre familias, profesionales y centros educativos.
Una de las recomendaciones consiste en hablar con naturalidad sobre el nuevo curso, recordar quiénes serán los profesores o compañeros cuando sea posible y explicar qué aspectos serán diferentes respecto al año anterior. Si el alumno cambia de centro o de etapa educativa, visitar previamente las instalaciones o repasar fotografías del colegio puede ayudar a reducir la incertidumbre.
Compartir información
También resulta útil utilizar apoyos visuales, calendarios o cuentas atrás que permitan al niño comprender mejor la secuencia de acontecimientos, así como ensayar situaciones cotidianas, desde preparar la mochila hasta realizar el recorrido hasta el colegio o practicar las rutinas matinales antes de salir de casa.
Los especialistas aconsejan además preparar algunas de las situaciones sociales habituales del inicio de curso, como saludar a los compañeros, responder a preguntas sobre las vacaciones o conocer a nuevos alumnos, para que estos momentos resulten menos imprevisibles.
Otra de las medidas que puede facilitar la adaptación es entregar al tutor un breve documento en el que se expliquen las fortalezas del alumno, su forma de comunicarse, las situaciones que pueden generarle malestar y las estrategias que le ayudan a regularse. Esta información permite al profesorado conocer mejor sus necesidades desde el primer día y responder de forma más ajustada cuando aparezcan dificultades.
Apoyo tecnológico
A lo largo de los últimos años se ha observado un aumento del uso de herramientas de inteligencia artificial para organizar horarios, crear apoyos visuales o elaborar materiales adaptados para la vuelta al colegio. Desde la plataforma de especialistas apuntan que este tipo de tecnologías pueden ser útiles para las familias, pero también recuerdan que no deben reemplazar el criterio profesional.
«La inteligencia artificial puede ayudar a las familias a ahorrar tiempo, organizar rutinas o encontrar nuevas formas de explicar determinadas situaciones. Sin embargo, sus respuestas siempre son genéricas y no conocen las necesidades específicas de cada niño, por lo que no deben sustituir la valoración de un profesional especializado», señala Ana González.
Al mismo tiempo, los especialistas consultados animan a los centros educativos a mantener una comunicación fluida con las familias, facilitar información previa sobre horarios, espacios o profesorado cuando sea posible, permitir incorporaciones progresivas en aquellos casos que lo requieran y coordinarse con los terapeutas que atienden al menor, siempre con autorización familiar.