La orientación sexual o la identidad de género no aumentan por sí mismas el riesgo de desarrollar un trastorno mental o una adicción. Sin embargo, convivir de forma continuada con la discriminación, el rechazo o el miedo a sufrirlos sí puede tener un importante impacto sobre la salud psicológica. Teniendo esto en cuenta, y aprovechando la celebración del Día del Orgullo LGTBIQ+, la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) ha querido reclamar una atención sanitaria más inclusiva para un colectivo que sigue encontrando barreras para acceder al diagnóstico y al tratamiento.
Según recuerda la sociedad científica, numerosos estudios internacionales muestran que las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans presentan una mayor prevalencia de determinados trastornos mentales y problemas relacionados con el consumo de sustancias que la población general. No obstante, los especialistas insisten en que estas diferencias no están relacionadas con la identidad de las personas, sino con el contexto social en el que muchas de ellas desarrollan su vida.
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El estrés de las minorías
La explicación que cuenta con un mayor respaldo científico es el denominado modelo del estrés de minorías, un concepto que describe el impacto acumulado que pueden tener la discriminación, el rechazo, la violencia, el miedo a mostrarse tal y como uno es o la necesidad de ocultar la propia identidad.
«Conviene leer estos datos con rigor y prudencia, pero la explicación mejor respaldada por la evidencia es el llamado modelo del estrés de minorías. No es la identidad lo que genera el riesgo, sino la exposición sostenida a un entorno adverso«, explica Felipe Yobino, miembro de la junta directiva de la SEPD.
Ese estrés mantenido en el tiempo puede aumentar la vulnerabilidad frente a trastornos de ansiedad, depresión o consumo de sustancias, especialmente cuando se combina con otros factores como la soledad no deseada, la falta de apoyo social o las dificultades para acceder a una atención sanitaria adaptada a las necesidades del colectivo.
Mayor riesgo
Entre los datos recabados por la SEPD están los de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas y Salud de Estados Unidos, que situó la prevalencia de trastornos por consumo de sustancias en torno al 17% entre las personas pertenecientes a minorías sexuales, frente a algo más del 7% registrado en la población heterosexual.
Además, diferentes revisiones científicas también describen tasas más elevadas de depresión, ansiedad y conducta suicida entre las personas trans y de género diverso. Los especialistas subrayan, no obstante, que estas cifras deben interpretarse desde una perspectiva de salud pública y derechos, evitando cualquier asociación estigmatizante entre orientación sexual, identidad de género y enfermedad.
La SEPD alerta además de que muchas personas LGTBIQ+ siguen llegando más tarde a los servicios de salud mental o abandonando los tratamientos antes de tiempo. Entre las causas figuran experiencias previas de discriminación dentro del sistema sanitario, el temor a no ser tratadas con respeto, la falta de formación específica de algunos profesionales o la dificultad para hablar con naturalidad sobre aspectos relacionados con la orientación sexual o la identidad de género.
Más intentos de suicidio
Desde la Confederación Salud Mental España también se están reclamando espacios seguros, respetuosos e inclusivos para las personas LGTBIQ+, a través de la campaña La salud mental empieza donde puedes sentirte parte que han lanzado en colaboración con el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Y es que según el estudio La situación de la salud mental en España, este colectivo reporta más del doble de intentos o ideaciones de suicidio (32,1% frente a 14,5%), así como autolesiones (19,5% frente a un 9%) en relación a la población heterosexual.

También sufren en mayor medida ataques de ansiedad (64,9%), depresión (55,45%) y ansiedad prolongada (48,2%). Y esto se debe en parte a las reacciones hostiles con las que se han encontrado a lo largo de su vida. «Sin la libertad de ser y poder mostrar quién eres, no hay salud mental posible. En salud mental, conocemos el impacto del estigma y la discriminación. Por ello, defendemos los derechos humanos y reclamamos erradicar el odio irracional que sufren las personas LGTBIQ+», asegura Nel González Zapico, presidente de la Confederación Salud Mental España.
Según los datos que maneja la organización, en el ámbito laboral, un 40% de las personas LGTBIQ+ trabajadoras ha sufrido algún tipo de violencia verbal en el trabajo, mientras que el 44% oculta su orientación sexual o identidad de género para encontrar empleo, y el 40% de las personas trans asegura haber sido rechazada en entrevistas por los prejuicios hacia a su identidad de género. Y a nivel educativo, el 22,8% de la población LGTBI+ ha sufrido actos de odio en su etapa escolar.
El paciente diagnosticado
En el caso de quienes presentan patología dual —la coexistencia de un trastorno mental y una adicción—, la situación puede resultar todavía más compleja. «Se trata del doble estigma, que en las personas LGTBIQ+ puede llegar a convertirse en un triple estigma. El resultado es que muchas personas llegan tarde, no llegan o abandonan el tratamiento», advierte Felipe Yobino.
Según los expertos, estas demoras favorecen la cronificación de los problemas de salud mental, aumentan el riesgo de recaídas y pueden empeorar el pronóstico, especialmente cuando no se abordan de forma conjunta la adicción y el trastorno mental asociado.
Frente a esta realidad, la SEPD defiende un modelo de atención basado en la denominada psiquiatría de precisión, un enfoque que sitúa a la persona en el centro de la atención y adapta las decisiones terapéuticas a sus características, circunstancias y necesidades individuales.
En la práctica, este modelo implica ofrecer una atención integrada para la patología dual, con profesionales formados, espacios seguros, confidencialidad y una perspectiva capaz de tener en cuenta factores como la edad, la situación social, la identidad de género o la salud sexual de cada paciente. «No hablamos de tratar de manera diferente a alguien por ser LGTBIQ+, sino de atender a cada persona de forma competente, libre de prejuicios y teniendo en cuenta su contexto», resume Yobino.