La Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA) ha mostrado su rechazo a la reciente decisión de la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos de no financiar un segundo tratamiento innovador para el alzhéimer, una medida que la entidad considera un nuevo freno al acceso de los pacientes a la innovación terapéutica.
A través del comunicado Tiempo perdido. Oportunidad perdida’ la organización lamenta esta segunda negativa, que se ha sumado a otro rechazo previo sobre un medicamento de características similares, ambos orientados a ralentizar la progresión de la enfermedad y prolongar el tiempo de autonomía y calidad de vida de las personas afectadas.
Desde CEAFA consideran que las administraciones siguen abordando estas terapias desde una perspectiva centrada únicamente en el gasto económico, sin valorar adecuadamente su impacto sanitario y social. “La financiación de estos tratamientos debe entenderse como una inversión y no como un gasto”, defiende la entidad, que reclama un cambio de enfoque por parte de los responsables públicos.
La organización insiste en que estos medicamentos representan las primeras alternativas terapéuticas innovadoras en más de dos décadas para una enfermedad que afecta a cientos de miles de personas en España.
El debate sobre riesgos y costes
Los argumentos utilizados para justificar los rechazos incluyen los posibles efectos secundarios asociados a estos tratamientos, las controversias científicas todavía abiertas y la necesidad de racionalizar el gasto sanitario.
CEAFA también critica el tratamiento mediático que ha acompañado al debate, denunciando la difusión de “informaciones absolutamente sesgadas” sobre estos medicamentos. Aunque reconoce que toda innovación debe evaluarse con rigor, la entidad considera que el debate no puede limitarse exclusivamente al coste económico inmediato.
De hecho, uno de los aspectos que más preocupa a la organización es el temor expresado desde algunos sectores a un posible colapso del sistema sanitario si se aprueba la financiación pública de estos tratamientos. Desde el punto de vista de sus responsables, ese escenario está sobredimensionado. “Hay que huir del alarmismo, de la incertidumbre y del miedo”, señala el comunicado.
La entidad recuerda además que estos fármacos están dirigidos únicamente a perfiles concretos de pacientes en fases iniciales de la enfermedad, por lo que el número potencial de beneficiarios sería limitado.
Tiempo de calidad y autonomía
Más allá de los aspectos clínicos, la organización indica en su discurso la importancia de retrasar el deterioro cognitivo sobre la vida diaria de las personas afectadas y sus familias. E insiste en que prolongar la autonomía significa permitir que muchas personas puedan seguir participando activamente en la sociedad durante más tiempo. “Privarles de un tiempo de calidad supone una pérdida de oportunidad para todos”, denuncia el comunicado.
La entidad subraya además que retrasar la evolución de la enfermedad podría contribuir también a aliviar parte de la carga emocional, social y económica que soportan las familias cuidadoras y el propio sistema sociosanitario.
No se puede olvidar que el alzhéimer es la principal causa de demencia actualmente y uno de los grandes retos sanitarios asociados al envejecimiento de la población. Las asociaciones de pacientes llevan años reclamando una estrategia integral que combine investigación, diagnóstico precoz, atención sociosanitaria y acceso a innovación terapéutica.
En este contexto, la llegada de nuevos tratamientos había generado expectativas dentro del movimiento asociativo tras más de veinte años sin avances significativos en el abordaje farmacológico de la enfermedad. En cualquier caso, CEAFA considera que el debate abierto por estos tratamientos debería servir también para adaptar los sistemas sanitarios y prepararlos para una nueva etapa en el abordaje del alzhéimer. Y recuerda que otros países europeos ya están avanzando en la incorporación de este tipo de terapias.