Las altas temperaturas y las olas de calor severas representan un riesgo crítico para la salud de toda la población, pero tienen un impacto especialmente significativo y peligroso en las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. La deshidratación, los golpes de calor y las severas dificultades para adaptarse de manera autónoma a condiciones ambientales extremas convierten a este colectivo en uno de los más vulnerables durante los meses de verano.
Las alteraciones cognitivas asociadas a las demencias pueden alterar la percepción corporal, hecho que a menudo dificulta que la persona identifique de forma consciente la sensación de sed, recuerde la necesidad de beber líquidos con regularidad o comunique adecuadamente cualquier situación de malestar físico a su cuidador o cuidadora. Como consecuencia directa, se eleva de forma alarmante el riesgo de deshidratación, una situación que puede provocar rápidamente cansancio agudo, debilidad muscular, mareos, cefaleas y, de manera muy destacada, un empeoramiento temporal pero pronunciado de la confusión, el delirio o la desorientación cognitiva habitual.
Además de las evidentes consecuencias físicas, el calor extremo altera el bienestar general de estas personas. Los cambios forzados en las rutinas diarias durante la época estival, así como la necesidad de tener que limitar estrictamente las actividades al aire libre durante determinadas horas del día, rompen los esquemas de estabilidad y pueden generar situaciones de gran desconcierto, irritabilidad o angustia ante la dificultad de adaptación a su entorno.
Por este motivo, desde Ace Alzheimer Center Barcelona insisten en la importancia crucial de adoptar medidas preventivas proactivas y de garantizar una supervisión continua y estrecha durante los episodios de calor extremo, ofreciendo un escudo de protección especial a nuestros familiares y usuarios más vulnerables.
Recomendaciones clave de prevención
- Hidratación proactiva: Ofrecer agua, infusiones frías o zumos de manera frecuente, sin esperar a que la persona lo pida o manifieste tener sed.
- Control de exposición: Evitar absolutamente las salidas, paseos y la exposición directa al sol durante las horas de máxima radiación y calor.
- Climatización del hogar: Mantener los espacios bien ventilados o artificialmente climatizados, asegurando una temperatura fresca y confortable.
- Preservación de rutinas: Mantener, en la medida de lo posible, los horarios y los entornos familiares paraminimizar la desorientación.
- Vestimenta y dieta: Utilizar ropa ligera, transpirable y de tejidos naturales,y priorizar platos frescos con un elevado contenido de agua, como frutas y verduras.
Señales de alerta
Ante la detección de uno o varios de estos síntomas, es primordial y urgente trasladar inmediatamente a la persona a un espacio fresco y perfectamente climatizado, favorecer la hidratación a pequeños sorbos yconsultar de forma preferente con los profesionales sanitarios o los servicios de emergencia si la situación clínicamente no mejora en pocos minutos.
- Mareos, inestabilidad o debilidad física repentina.
- Somnolencia excesiva, letargo o apatía inusual.
- Dolor de cabeza persistente o expresiones de dolor no verbal.
- Aumento agudo de la confusión, agitación o desorientación respecto a su estado basal.
- Disminución generalizada del estado de ánimo o pérdida de la capacidad funcional cotidiana.
- Piel excesivamente seca o caliente, y ausencia visible de sudor.