El 10 de junio puede convertirse en una fecha clave para millones de personas en todo el mundo. No hablamos de una efeméride más en el calendario, sino de una cita necesaria y urgente para visibilizar una realidad que, a menudo, permanece en segundo plano: la de quienes convivimos con cáncer metastásico.
Desde ALMIA, y como presidenta de la asociación, celebro y apoyo la solicitud que hemos impulsado, con el respaldo de diversas sociedades y grupos científicos como SEOM o GEICAM, para institucionalizar el 10 de junio como el Día Mundial del Cáncer Metastásico.
Porque si algo debemos reconocer es que el cáncer metastásico sigue siendo, en gran medida, invisible. Cuando se habla de cáncer, la conversación suele centrarse en la curación, en la superación, en el “ganar la batalla”. Sin embargo, para muchas personas, la enfermedad no termina: evoluciona. La metástasis implica convivir con un cáncer avanzado, generalmente incurable, pero cada vez más tratable. Y ahí reside un cambio fundamental que la sociedad aún no ha terminado de asumir o entender.
Incertidumbre
Las personas con cáncer metastásico no solo necesitamos tratamientos, sino también comprensión y apoyo. Vivimos una realidad marcada por la incertidumbre, por tratamientos continuos, por efectos secundarios y por decisiones constantes sobre nuestra salud y nuestra vida. Pero también tenemos esperanza, proyectos y ganas de seguir adelante. Por eso, cuando los pacientes reclamamos “más tiempo”, no nos referimos únicamente a una cantidad concreta. Reclamamos tiempo con calidad de vida. Tiempo que merezca ser vivido.
En este contexto, institucionalizar un Día Mundial del Cáncer Metastásico supone un paso decisivo para cambiar el relato. Significa poner el foco donde realmente hace falta: en la cronicidad de la enfermedad, en las necesidades específicas de los pacientes y en la urgencia de seguir avanzando en investigación.
La investigación es, sin duda, uno de los pilares fundamentales. Gracias a los avances científicos de las últimas décadas, hoy muchas personas con cáncer metastásico vivimos más tiempo que antes. Pero no es suficiente. Persisten enormes desigualdades en el acceso a tratamientos innovadores, y todavía hay tipos de cáncer metastásico con opciones terapéuticas muy limitadas. Invertir en investigación no es una opción, es una obligación. Cada ensayo clínico, cada avance en medicina personalizada representa una oportunidad real de mejorar la vida y el pronóstico de miles de pacientes.
Políticas públicas
Pero la investigación no puede avanzar sola. Necesita ir acompañada de políticas públicas que garanticen equidad, de sistemas sanitarios que integren la atención multidisciplinar y de una sociedad informada y sensibilizada. Aquí es donde cobra todo su sentido la propuesta del 10 de junio.
Un día mundial no resuelve los problemas, pero sí puede cambiar percepciones. Puede generar conversación, movilizar recursos, impulsar agendas políticas y, sobre todo, dar voz a quienes muchas veces no la tienen. Puede contribuir a que dejemos de mirar hacia otro lado y empecemos a entender que el cáncer metastásico no es una excepción, sino una parte significativa de la realidad oncológica.
Nacida en España
Que esta iniciativa haya nacido en España es motivo de orgullo, pero también de responsabilidad. Tenemos la oportunidad de liderar un cambio de paradigma a nivel internacional, de situar la experiencia del paciente en el centro y de demostrar que la colaboración entre asociaciones, profesionales sanitarios y la sociedad en general puede generar transformaciones reales.
Desde ALMIA, creemos firmemente en ese enfoque. Creemos en una sanidad que no solo trate enfermedades, sino que cuide a las personas. Creemos en la importancia de escuchar a los pacientes, de incorporar su voz en la toma de decisiones y de reconocer que la calidad de vida es tan importante como la supervivencia.
Recuerdo lo que abordamos el día en el que presentamos esta iniciativa frente a los periodistas convocados en colaboración con la Alianza Daiichi Sankyo | AstraZeneca: el 10 de junio puede convertirse en un símbolo. Un recordatorio anual de que aún queda mucho por hacer, pero también de que estamos avanzando. Un día para visibilizar, para reivindicar y para comprometerse. Porque detrás de cada cifra hay una historia. Y detrás de cada historia, una persona que merece vivir más tiempo, sí, pero sobre todo vivir mejor.
Por Pilar Fernández, presidenta de la Alianza frente a la metástasis: innovación y apoyo (ALMIA)
