La Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR) reclama una nueva manera de abordar la prevención del suicidio que no se limite a identificar a las personas consideradas en riesgo cuando ya atraviesan una situación crítica. Con motivo del Día Internacional para la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre, la organización defiende una estrategia basada en la evidencia científica, la responsabilidad institucional y la humanización, pero también en la capacidad de intervenir sobre las circunstancias que pueden llevar a una persona a experimentar un sufrimiento psicológico extremo.
Los últimos datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que 3.953 personas murieron por suicidio en España durante 2024, un 4% menos que en 2023. Sin embargo, la SEPC advierte de que un descenso anual no significa que el problema esté resuelto. Entre esas muertes se contabilizaron además 90 menores de 20 años y 120 jóvenes de entre 20 y 24 años.
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Para la sociedad científica, estas cifras no deben interpretarse únicamente desde la perspectiva de la mortalidad. La conducta suicida comprende un espectro mucho más amplio que incluye pensamientos, planificación, intentos, autolesiones, crisis y también las consecuencias que estas experiencias tienen sobre familiares, allegados y profesionales.
Por ello, su Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida considera necesario superar un modelo excesivamente centrado en calcular el nivel de riesgo. «La prevención comienza cuando somos capaces de transformar la información sobre el riesgo en decisiones de cuidado, acompañamiento y tratamiento», sostienen desde la sociedad científica.
Circunstancias
La propuesta parte de entender que el suicidio es un fenómeno complejo en el que interactúan factores psicológicos, biográficos, sociales y relacionales, pero también elementos políticos, tecnológicos y contextuales. Entre las circunstancias que pueden incrementar la vulnerabilidad se encuentran la soledad y la desconexión social, las pérdidas, las experiencias adversas, la violencia, la exclusión, las desigualdades o las dificultades para acceder a recursos de apoyo.
De ahí que la organización considere insuficiente intervenir exclusivamente cuando aparecen pensamientos o conductas suicidas. La prevención, a su juicio, debe comenzar antes, fortaleciendo los factores que ayudan a construir una vida sostenible y facilitando que las personas puedan pedir ayuda cuando comienzan a experimentar un sufrimiento intenso.
La SEPC insiste además en que no debe reducirse la conducta suicida a la existencia de un trastorno mental concreto ni a una suma de factores de riesgo. «Hay que ocuparse de las condiciones que favorecen el sufrimiento, de los vínculos que se pierden, de los apoyos que no están disponibles y de las barreras que dificultan que una persona pueda pedir ayuda», señala el grupo de trabajo.
Prevención
Esta mirada implica reforzar la prevención universal mediante la promoción de la salud mental y física, el fortalecimiento de las relaciones sociales y comunitarias, las campañas de sensibilización, la lucha contra el estigma y la promoción de la búsqueda de ayuda.
En el ámbito sanitario, la organización defiende una atención accesible, flexible, especializada y continuada, capaz de intervenir en los periodos de mayor vulnerabilidad y de ofrecer posteriormente tratamientos psicológicos específicos. Para ello considera necesario que la psicología clínica esté presente en todas las fases de la prevención, desde las actuaciones dirigidas a la población general hasta la intervención en crisis y la posvención.
De esta manera, desde la sociedad se reclama reforzar el Sistema Nacional de Salud con más profesionales de esta especialidad, con tiempo suficiente para atender a cada persona, fomentando la continuidad asistencial y aportando dispositivos capaces de responder con flexibilidad cuando la situación lo requiera.
En definitiva, la sociedad científica propone pasar «de una cultura centrada en la estimación del riesgo a otra orientada a la estimación de cuidados: no predecir, sino prevenir«. La prevención del suicidio, añade, no puede recaer exclusivamente en el sistema sanitario, sino que requiere la implicación coordinada de las políticas públicas, los servicios sociales, la educación, la comunidad y otros agentes sociales.
- Ante pensamientos o conductas suicidas, el documento recuerda que es importante buscar ayuda y no afrontar la situación en soledad. En España está disponible el 024, línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Ante una emergencia inmediata, recomienda llamar al 112 o acudir a un servicio de urgencias hospitalarias.