El final del desierto farmacológico que acabamos de vislumbrar para las recaídas del cáncer de ovario no puede convertirse en un oasis para unas pocas pacientes. Veamos por qué. Este año los oncólogos que lidiamos con este cáncer nos sentimos afortunados de poder contar con tres nuevas potenciales opciones terapéuticas para las recaídas, con tres mecanismos de acción distintos.

Esta triada de avances son los anticuerpos conjugados a fármacos (ADC), popularizados como caballos de Troya, la inmunoterapia con pembrolizumab y los inhibidores del receptor de glucocorticoides, como relacorilant.

El primer ADC en llegar para la recaída del cáncer de ovario ha sido mirvetuximab soravtansina, dirigido al receptor de folato alfa (FRα), en particular, a las pacientes con cáncer de ovario seroso de alto grado y alta expresión de FRα, aplicable al 40% de estos tumores. Está aprobado en Europa para pacientes en recaída tras haber recibido entre una y tres líneas de tratamiento y es, sin duda, un gran avance del que nos congratulamos. Hasta aquí las buenas noticias.

Cifras

Ahora, un baño de realidad numérico. Para aquellos tumores en los que ha fracasado la quimioterapia “estrella”, el platino, hemos tardado quince largos años en disponer de estos avances. En este tiempo, hemos tenido que sentarnos frente a numerosas pacientes para exponerles las escasas opciones que podíamos ofrecerles para la recaída, básicamente quimioterapia.

Cada paciente, con su rostro, su familia, sus proyectos, sus amigos, nos viene a la mente, más aún si no hemos podido ayudarla como merecía. Recordemos que cada año en España se diagnostican unos 3.800 casos de cáncer de ovario y que fallecen 2.000 mujeres por esta enfermedad.

Estas cifras reflejan la necesidad urgente de estrategias terapéuticas más eficaces. Debemos subrayar que la incidencia del cáncer ovárico es comparable a la de otros tumores con mucha mayor visibilidad pública, como el carcinoma de mama triple negativo.

Nos encontramos, pues, en una etapa agridulce. Por fin, se nutre nuestro acotado arsenal terapéutico para la recaída del cáncer de ovario, aunque lo hace a un ritmo excesivamente lento. Podemos contar los avances con los dedos de una mano, pero necesitamos miles de manos para calcular la enorme cantidad de mujeres que no pueden beneficiarse de ellos, porque necesitan otros tratamientos innovadores. Los oncólogos valoramos positivamente este paso, pero no puede quedarse en un avance tibio y bien intencionado.

Avances en el futuro

En los próximos años, los centros de investigación y la industria farmacéutica seguirán avanzando con determinación en el desarrollo de nuevas terapias, y las agencias regulatorias y las autoridades sanitarias continúan trabajando por optimizar sus procesos de aprobación.

Desafortunadamente, en España mirvetuximab soravtansina se encuentra actualmente en fase de fijación de precio y reembolso, un paso necesario para la disponibilidad para las pacientes. Conviene que todos los implicados mejoren estos procesos, manteniendo la mirada puesta en la urgencia clínica que representa el cáncer ovárico, una enfermedad que sigue afectando a muchas mujeres, algunas de ellas en edades muy tempranas de la vida.

Pese a este marco, albergamos la esperanza de que nuestro discreto arsenal terapéutico crezca más rápido a partir de ahora, pues ya existen ADC de nueva generación como trastuzumab deruxtecán, dirigido a pacientes con cáncer ovárico y alta expresión de la proteína HER2 —un subgrupo pequeño, de un 5% de los casos, pero con beneficio significativo— y ya aprobado por la FDA.

Hay, además, numerosos ADC en investigación dirigidos contra otras dianas, como Trop-2, cadherina-6 y B7-H4, entre otras, con expectativas de ofrecer un mejor perfil de toxicidad y otros anticuerpos frente al receptor de folato que parecen ser eficaces incluso en tumores con expresiones bajas del receptor FRα.

Ensayos clínicos

Los ensayos clínicos iniciales muestran, en algunos casos, respuestas superiores a las de la quimioterapia convencional. Dado el beneficio observado en pacientes que recaen, la investigación se está orientando a utilizar estos fármacos en líneas más tempranas de tratamiento, como la primera línea, el mantenimiento tras la quimioterapia inicial o incluso como sustitución de la quimioterapia basada en platinos.

De confirmarse los resultados, podrían traducirse en mejoras clínicas todavía mayores, aunque este objetivo de investigación sigue en curso. La investigación y aprobación de nuevos desarrollos para el cáncer de ovario no puede perder fuelle. Tras dejar atrás el desierto terapéutico, no podemos entretenernos en el oasis al que hemos llegado. Debemos hallar un abanico terapéutico diverso que nos permita avanzar hacia la medicina de precisión, también en el cáncer de ovario, por el bien de nuestras pacientes.

Por: Alejandro Martínez, jefe del Servicio de Oncología del Instituto Oncológico Rosell (IOR) Pangaea Oncology en el Hospital Universitari Dexeus de Barcelona