En los últimos años, tumores como el cáncer de próstata, vejiga o riñón han experimentado una auténtica revolución terapéutica gracias a la llegada de nuevas inmunoterapias, tratamientos dirigidos y biomarcadores moleculares. Sin embargo, resulta que la innovación en cáncer genitourinario avanza más rápido que el acceso real de los pacientes a los nuevos tratamientos. Así lo ha advertido el Grupo Español de Oncología Genitourinaria (SOGUG), el cual denuncia que muchos pacientes en España siguen esperando meses —e incluso años— para acceder a terapias ya aprobadas y respaldadas por la evidencia científica. Los especialistas alertan de que esta situación no solo retrasa tratamientos potencialmente decisivos, sino que también genera desigualdades territoriales y diferencias en supervivencia y calidad de vida.
La reivindicación se ha puesto sobre la mesa durante la Reunión de Acceso a la Innovación en Tumores Genitourinarios organizada por SOGUG, en la que oncólogos y representantes institucionales han analizado las barreras que dificultan la incorporación rápida de la innovación al sistema sanitario.
Según la presidenta de SOGUG, la doctora Aránzazu González del Alba, «el sistema sanitario no está siendo capaz de incorporar estas innovaciones al mismo ritmo que avanza la ciencia». La especialista recuerda que hace apenas unos años existían muy pocas opciones terapéuticas para estos pacientes, mientras que hoy ya se dispone de múltiples líneas de tratamiento y combinaciones que han demostrado mejorar la supervivencia.
El problema, denuncia, es que las guías clínicas internacionales incorporan estos tratamientos prácticamente en tiempo real, mientras que los procesos de financiación e implementación en España pueden retrasarse uno o dos años.
Desde SOGUG advierten de que el retraso en el acceso a estas terapias no es solo un problema administrativo. Tiene consecuencias directas sobre los pacientes. “Las demoras obligan en ocasiones a utilizar estrategias subóptimas, incrementan la carga burocrática y generan desigualdades territoriales”, subraya González del Alba. Los especialistas denuncian además que, en muchos casos, el acceso a terapias innovadoras depende de la participación en ensayos clínicos, una opción que no está disponible para todos los pacientes ni en todos los hospitales.
Pacientes sin acceso a tratamientos ya aprobados
Uno de los ejemplos más señalados es el del cáncer de próstata metastásico. Los expertos destacan la importancia de los biomarcadores moleculares, especialmente las mutaciones en genes BRCA1 y BRCA2, que permiten identificar a pacientes que podrían beneficiarse de inhibidores PARP (iPARP), terapias dirigidas que ya han demostrado aumentar la supervivencia.
Sin embargo, según denuncia el vicepresidente de SOGUG, Sergio Vázquez Estévez, muchos pacientes españoles siguen sin poder acceder a estos tratamientos en monoterapia pese a estar aprobados por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). “Estamos privando a los pacientes de un beneficio claro”, lamenta el especialista, que critica que en algunos casos los médicos se ven obligados a utilizar combinaciones terapéuticas en escenarios clínicos “prácticamente inexistentes”.
Los expertos aclaran que el principal problema no está en la aprobación europea de los tratamientos, sino en las fases posteriores: financiación nacional, evaluación económica e implementación autonómica. De hecho, aunque la EMA autorice un tratamiento, los pacientes españoles pueden tardar meses o años en acceder realmente a él dependiendo de la comunidad autónoma o incluso del hospital donde sean atendidos. Por ello, SOGUG reclama avanzar hacia un sistema más coordinado, transparente y predecible que garantice equidad en todo el territorio.
Entre las propuestas planteadas está permitir el acceso temprano a determinados tratamientos durante el periodo entre la aprobación europea y la decisión definitiva de financiación, mediante mecanismos ya utilizados en algunas comunidades autónomas.
Cambios de paradigma que llegan tarde
En cáncer de vejiga, los oncólogos destacan el impacto de la combinación de enfortumab, vedotin y pembrolizumab, una estrategia que ha cambiado el abordaje de la enfermedad metastásica y perioperatoria al demostrar un beneficio claro frente a la quimioterapia tradicional basada en platino.
También en cáncer renal se han producido avances significativos gracias a las combinaciones de doble inmunoterapia o inmunoterapia junto a agentes antiangiogénicos, así como al uso de pembrolizumab en pacientes con enfermedad localizada de alto riesgo. Tratamientos que, según los expertos, han supuesto “un antes y un después” en supervivencia y control de la enfermedad.