El diagnóstico de la enfermedad celíaca continúa siendo un reto en muchos pacientes. Aunque en España se estima que cerca de medio millón de personas padecen esta patología, alrededor del 75% permanece sin diagnosticar, según datos de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España. En numerosos casos, la ausencia de síntomas digestivos claros o la presencia de manifestaciones leves dificulta identificar la enfermedad a tiempo. Ante esta situación, nuevas herramientas diagnósticas, como la citometría de flujo, están comenzando a ganar protagonismo en el abordaje clínico de la celiaquía, especialmente en aquellos pacientes con cuadros atípicos o resultados poco concluyentes en las pruebas convencionales.

“El reto actual no es solo detectar la celiaquía evidente, sino poder confirmar el diagnóstico en personas con síntomas compatibles pero pruebas dudosas o lesiones intestinales leves”, explica el Dr. Alberto Cerpa, especialista en aparato digestivo del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas.

La citometría de flujo es una técnica biofísica que permite analizar células de forma individual mediante un haz láser. En el caso de la enfermedad celíaca, se utiliza para estudiar los linfocitos presentes en la mucosa intestinal obtenida durante una biopsia. A diferencia de la anatomía patológica convencional, que se centra principalmente en observar el daño intestinal, esta técnica permite conocer el perfil específico de las células inmunológicas implicadas en la enfermedad.

En la celiaquía existe un patrón muy característico, conocido como “linfograma intraepitelial”, que se asocia especialmente a la presencia de aumento de linfocitos T gamma-delta y disminución de linfocitos CD3 negativos. Este perfil celular funciona prácticamente como una huella inmunológica de la enfermedad.

Una herramienta útil en casos complejos

La enfermedad celíaca es un trastorno autoinmune provocado por la ingesta de gluten en personas genéticamente predispuestas. Aunque tradicionalmente se ha relacionado con diarrea, dolor abdominal o distensión, muchos pacientes presentan síntomas no digestivos. Entre ellos destacan: anemia, fatiga crónica, migrañas, dermatitis herpetiforme, problemas emocionales, e infertilidad o abortos de repetición. Por ello, los expertos insisten en la importancia de mejorar las herramientas diagnósticas y mantener un alto índice de sospecha clínica.

Los especialistas destacan que la principal utilidad de la citometría de flujo aparece en pacientes donde el diagnóstico no resulta claro mediante las pruebas habituales. “Nos permite ser mucho más precisos y evitar que muchos pacientes pasen años sin un diagnóstico claro”, señala el Dr. Cerpa. Puede ser especialmente útil cuando:

  • La serología es negativa
  • El daño intestinal es mínimo o inespecífico
  • El paciente ya ha retirado el gluten de la dieta
  • Existen síntomas extradigestivos difíciles de relacionar con celiaquía

Otra de las ventajas de esta técnica es que puede facilitar diagnósticos más precoces, incluso antes de que exista una destrucción importante de las vellosidades intestinales. Además, ayuda a diferenciar la enfermedad celíaca de otras patologías digestivas o de cuadros como la sensibilidad al gluten no celíaca o la infección por Infección por Helicobacter pylori. Los especialistas también destacan su utilidad en pacientes con enfermedad refractaria o mala respuesta a la dieta sin gluten, ya que permite detectar complicaciones de forma temprana.